Tomar la decisión de cruzar el charco
25 de Mayo de 2021, día patrio en Argentina. El mismo día en donde pisé suelo Belga.
Veo a Pedro en el andén del tren mirando a ver en qué vagón estaba.
Mi vuelo fué directo a París con una combinación de tren. Llegando al aeropuerto no entendí bien a donde tenía que ir. Estábamos en plena pandemia y tenía que hacerme el PCR. Tardé más de 3 horas y perdí mi tren.
Con resultado negativo de COVID estaba lista para finalmente viajar a Bruselas. En el camino me encuentro con Kevin, mi compañero de viaje. Habíamos hablado las doce horas de vuelo y nos contamos nuestras historias. A pesar de que estaba prohibido, nos dimos un fuerte abrazo como si nos conocieramos de toda la vida y nos deseamos mucha suerte. Él se quedó en París.
Caminaba por el aeropuerto por inercia.Viajar en pandemia fue toda una odisea. Me estresé mucho. Nos estresamos mucho.
Habian pasado nueve meses de la última vez que estuvimos juntos con Pedro en Argentina. La decisión de migrar, y encima en plena pandemia, fué lo mas desafiante que habíamos vivido como pareja.
Con Pedro nos conocimos en el ano 2016 en Punta del diablo, Uruguay. Coincidimos en el mismo hostel perdido en la playa de los pescadores, uno de los pocos lugares que quedaban disponibles en plena temporada.
Con su español aprendido después de haber estado un año en Buenos Aires me preguntó como me llamaba y se sentó al lado mio mientras se comia un ceviche.
En ese momento pensé que era brasilero. Nunca imaginé que vendría del pais donde está la torre Eiffel. ( si, lo sé, nada que ver).
Tres meses mas tarde éramos oficialmente novios.
La pandemia hizo que me replantee muchas cosas.
Recuerdo el dia en donde mi jefe nos llamó para decirnos que teníamos que achicar el equipo y me pregunté: con pandemia de por medio, si me quedo sin trabajo ¿que hago?
Las emociones las tenía a flor de piel. Había mucha incertidumbre.
El equipo finalmente se achicó y mis tareas aumentaron. Lo bueno es que seguía teniendo trabajo pero ¿quería seguir asi el resto de mi vida?
Sentí que mi vida dependía de la empresa a donde estaba trabajando.
Estaba muy cómoda, con un salario fijo, conocía a casi todos y sólo sabía hacer las cosas a su manera. Ya habían pasado doce años de aquel dia en donde cumplí mi sueño de entrar a una empresa multinacional.
Me estaba “oxidando” pero me daba miedo cambiar de trabajo.
La idea de migrar siempre estuvo presente y siempre fué una opción. Nunca imaginé que me iba a animar a hacerlo. Tenía mucho miedo de dejar todo lo conocido, mi familia y mis amigos.
Con 37 años de vida nunca había vivido en otro pais.
Me había comprado un departamento chiquito al que decoré con mucho amor y en donde volqué toda mi creatividad.
Me movía en la ciudad como pez en el agua y en el trabajo llegué a donde queria estar.
Todo lo que soñé lo cumplí pero yo ya no era la misma persona.
Mis prioridades habían cambiado.
Pedro me ayudó a animarme a volar y a tomar decisiones desde el corazón y no desde el miedo.
El miedo es una emoción que se activa cuando el cuerpo se siente amenazado.
En todo cambio esta emoción va a estar presente.
Con mucho miedo Pedro saca su pasaje a Bruselas. Decidimos que sería mejor que él vaya tres meses antes para tantear el terreno. Ya tenía una oferta de trabajo.
La empresa en donde yo trabajaba decidió hacer teletrabajo full time y ello me permitió trasladarme sin ningún riesgo. Mi conexión con Argentina iba a seguir.
Cada uno tiene sus formas de atravesar los cambios. Hay algunos que prefieren cortar de una vez de raíz y hay otros, como yo, que prefieren hacerlo en cuotas.
Si bien la idea de migrar no salió de mí, me pregunté cuáles eran mis objetivos en esta nueva etapa. Tomé este nuevo comienzo como una nueva oportunidad.
Quería ser más libre, hacer cosas que me gusten, rodearme de gente que me impulse a ser mejor persona y viajar.
La situación económica en mi país no me dejaba soñar. Vivir en incertidumbre económica y escuchar todo el tiempo “ la plata no alcanza” me hacía vivir en alerta.
Un día mi amiga Naty me cuenta que vió en las redes una formación on line que estaba dando una chica española y que me iba a permitir hacer todo esto que quería.
Empecé a investigar. Así fué como fuí entrando al mundo emprendedor. Un mundo desconocido para mi en donde las reglas eran otras. La mentalidad era otra.
En este curso conocí a mucha gente que estaba en mi misma sintonía. Fué un gran apoyo y un gran impulso para cambiar ciertas estructuras que tenía muy arraigadas. Hoy sigo en contacto con muchos de ellos. Se armó un lindo grupo.
Me hice dos grandes amigas: Ale y Lu. Tuve la suerte de conocer personalmente a Ale pero a Lu aún no. Ellas fueron mi sostén durante todo el curso y mientras pasaba la pandemia en mi departamento.
Luego de terminar esta formación me cayeron muchas ideas y una de ellas fué desarrollar mi propia marca personal.
Naty tuvo mucho que ver en todo este proceso. Conocí también cómo se manejaban los negocios digitales y la mentalidad emprendedora.
En mi valija cargué ese entusiasmo que tenía de emprender algo nuevo. Algo totalmente distinto sin dejar lo que tenía y estaba convencida de que iba a lograr lo que me había propuesto.
Regalé toda la ropa que ya no usaba y no me representaba. Tuve que poner todas mis pertenencias en una pequeña baulera y así me di cuenta de la cantidad de cosas que había acumulado. Quería sentirme más liviana.
Me di cuenta que no se necesita mucho para vivir bien.
Llegué a mi nuevo hogar con un trabajo que ya no me gustaba pero era algo seguro que tenía por si no me adaptaba.
La fecha de regreso de mi vuelo era en tres meses; la máxima cantidad de días que me podía quedar si no me salía la residencia.
Pedro me esperaba y fué alguien que me contuvo en todo momento.
Esa fué mi forma de hacer un gran cambio sin soltar del todo lo que ya había construido.
Asi comienza la aventura en el pais de la cerveza y las papas fritas.