Cuando no nos gusta algo de nuestro presente tendemos a irnos al pasado o al futuro. Me pasa muchas veces.
En vez de centrarnos en qué podemos hacer en este presente que no nos gusta, preguntarnos porqué nos pasa lo que nos pasa, darnos la oportunidad de probar nuestra entereza ante determinadas situaciones o que provecho podemos sacar de todo ello, preferimos cerrar los ojos y ahí es donde no encontramos sentido a nada. La desmotivación nos invade como cuando estamos en la playa y de golpe la marea sube.
Esto se puede dar en unos segundos. Y si bien está bien sacar las emociones afuera y permitirnos sentirnos mal, cuando se vuelve un loop del que no podemos salir hay que poner manos a la obra y salir de ahí.
Hace mucho tiempo que tenía en mi lista de libros pendientes “el hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl quien cuenta cómo fue su experiencia en un campo de concentración. Sentí que estaba en el buen momento para leerlo.
El día que lo compré estaba soleado y en la vuelta a casa, decidí comenzar a leerlo en un café con un rico desayuno mientras el sol me pegaba en la cara.

Me topé con la siguiente frase de Nietzsche que cita “quien tiene un porqué para vivir puede soportar cualquier como”.
El porqué puede ser muy difícil encontrarlo, puede ser un camino largo por recorrer porque uno va cambiando a medida que pasan los años. Ese porqué no lo inventamos de un día para el otro, lo vamos buscando y en el camino nos podemos encontrar con muchas cosas lindas y con muchas cosas que nos puede costar conseguirlas.
Esta búsqueda muchas veces nace de tensiones internas que nos provocan muchas emociones y quedamos en estados que no nos gustan. Uno de ellos puede ser la desmotivación.
Y que difícil salir de ahí, ¿no?
¿Pero qué pasa si le damos sentido a esa desmotivación?
Este estado nos dice mucho sobre nuestro presente, hay algo que hay que ajustar. A veces sabemos porqué otras veces no. La cuestión es que actitud tomamos frente a ello.
y…empezar a hacer! Probar, equivocarnos, volver a hacer, probar y así. A medida que hacemos nos conocemos más.
Empezar por cosas pequeñas que nos vayan llevando a ese gran porqué es una buena idea. Tener muchos porqué y encontrarle un motivo a todo lo que hacemos.
Yo siempre me repito: ¡es la vida misma Bárbara! Vivir significa asumir responsabilidades de encontrar respuestas correctas a las cuestiones que la vida misma nos plantea. Y en esta montaña rusas de emociones tener siempre un motivo es primordial.
Terminé mi café y me fui caminando a casa. Estaba a una media hora más o menos. Y me quedé pensando un poco en esto de encontrarle un motivo a las cosas que hacemos, a los que nos pasa.
Últimamente tuve un torbellino de cambios, que me ayudaron y me siguen ayudando a crecer. Este crecimiento trae consigo formas de ver las cosas de otra manera. Cosas que antes te gustaban y ahora no, gente con la que antes podías tener una charla y ahora no, lugares que te hacían bien y ahora no. Y así podemos seguir con la lista.
Creo que nunca fui consiente de todo hasta que mi cuerpo me dijo: ¡frená! Encontrale sentido a las cosas que estás haciendo y también a lo que vas sintiendo. Aceptá que hay cosas que no se van a dar como pensaste y sobre todo disfrutá tu presente porque tu futuro va a ser como el que soñás, lo estás construyendo. Pero tené paciencia y siempre encontrale un motivo a las cosas que hacés y lo que sentís. Ese será tu motor.
Siempre podemos encontrar ese lado positivo a las cosas, es cuestión de cambiar el ángulo desde donde miramos.